La creciente producción de información terapéutica, en especial farmacológica, y la rapidez con que se modifica y renueva la evidencia en las ciencias biomédicas, contrasta con el insuficiente tiempo y la escasa formación de los profesionales de la salud para mantenerse actualizado. A la vez garantizar la mejor atención a los pacientes, soportada en evidencias confiables.
Así mismo, es cada vez más fácil el acceso a información proveniente de ámbitos no técnicos y medios masivos de comunicación, la cual suele ser insuficiente e inadecuadamente procesada. La industria farmacéutica es una de las principales fuentes de información para los profesionales de la salud, la cual puede tener los sesgos propios de la actividad comercial que la motiva.